Las Jornadas de Difusión del Sector Pesquero que organiza la Cofradía de Pescadores de Celeiro
llegan a su sexta edición, con una andadura consolidada entre los más importantes foros del sector.
Confiamos en que este simposio constituya un punto de referencia obligado para el sector en temas
de puntual interés (inspección, mercados y comercializzación, PCP, economía pesquera, legislación,
sistemas de gestión de recursos, ... etc)
El sector pesquero está en constante cambio, y todos somos conscientes de los numerosos problemas
y amenazas que se ciernen sobre este estratégico sector de la economía gallega. Este foro pesquero
se promueve bajo el lema del ejercicio de una pesca responsable, como una actividad que
fomenta el debate, el intercambio y la reflexión, a fin de acercar las distintas administraciones
al administrado.
ORGANIZAN

Cofradía de Pescadores de Celeiro
Federación Nacional de Cofradías de Pescadores
COLABORAN Y PATROCINAN


Secretaría General de Pesca Marítima - MAPA
Consellería de Pesca, Marisqueo e Acuicultura (Xunta de Galicia)
Excma. Diputación Provincial de Lugo
Puerto de Celeiro, S.A.
Caixa Galicia
CONTACTO
Cofradía de Pescadores
Playa, 1
Tfnos.: 982 561 044
Fax: 982 562 856
27863 CELEIRO - VIVEIRO (Lugo)
correo@cofradiaceleiro.com
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| "PRESENTE Y FUTURO DE
LA REGULACION PESQUERA EN GALICIA" |
Manuel Varela Lafuente
Departamento de Economía Aplicada Universidad de Vigo.

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I. LOS CAMBIOS SIGNIFICATIVOS EN EL
CONTEXTO PESQUERO INTERNACIONAL.
En los últimos 25 años se han producido cambios muy significativos
en el escenario pesquero internacional, algunos todavía recientes
como las largas y frustantes negociaciones con Marruecos, los apresamientos
de barcos en diferentes escenarios, la complicada revisión de la política
comunitaria en materia de pesca, las barreras a la entrada en diferentes
caladeros, además de otros de menor impacto como noticia pero de alcance
en las consecuencias.
Estos cambios y tendencias son percibidos de distintas maneras por
el sector pesquero gallego y se responde con diferentes estrategias,
que indican también la dimensión del impacto que ocasionan dichos
cambios o acontecimientos. Nos referiremos sucesivamente a los cambios
de orden jurídico, a la tecnología, a las tendencias en los mercados
internacionales, y, más en particular, a los cambios en el escenario
comunitario, todos ellos de especial trascendencia para la pesca española
en los momentos actuales.
1. Las condiciones actuales de acceso a los recursos han cambiado
notablemente.
Ello es debido sobre todo a la redefinición de las jurisdicciones
nacionales (con la extensión de las Zonas Económicas Exclusivas a
200 millas), mientras que permanece menos definido el escenario de
aguas internacionales (como las áreas de NAFO en el Atlántico Norte
o ICCAT en el Atlántico Central), si bien aquí también hay modificaciones
e indefiniciones. Así, no han cesado los movimientos de algunos países
ribereños para ampliar su zona de exclusividad y alejar a terceros.
Además, han aparecido nuevos aspectos a considerar como en el caso
de los recursos en grandes profundidades, o los recursos migratorios
y transfronterizos (Munro, 1991, Garza et al, 1995).
Dejando de lado los impactos iniciales para la flota española tras
la expulsión de algunos caladeros, hoy la atención la debemos centrar
en el hecho de que los derechos de pesca se han convertido en un arma
estratégica para los países con recursos a la hora de negociar y en
un elemento esencial a considerar para las empresas pesqueras que
quieran acceder a esos recursos (Neher, Arnason y Mollet, 1989). Los
países buscan una definición concreta de los derechos que les permita
asegurar la mejor situación de sus poblaciones de peces para el futuro
y una asignación eficiente que les ofrezca el máximo rendimiento ya
sea a través de la explotación directa o bien por la venta de los
derechos o las contrapartidas por la cesión de los mismos. Las empresas,
por su parte, saben que pueden contabilizar la adquisición de derechos
como un coste (tal vez asumido por el sector público) pero pueden
tratarla también como una inversión.
Saben, en este caso, que ésta será más segura si el derecho de uso
del recurso tiene mayor duración y contiene aspectos valorables económicamente
como la transferibilidad. En definitiva, cuanta menor incertidumbre
más incentivos habrá para tratar los recursos como lo que son (económicamente),
un bien de capital.
Los principales problemas en este caso serán la determinación de la
asignación inicial de los derechos y el control sobre el uso de los
mismos (en las cuotas sobre todo) además de los impactos regionales
y sociales. Desde la perspectiva de las flotas gallegas, los objetivos
a plantearse pueden ser la consecución de acuerdos o la consolidación
de derechos de pesca estables y flexibles, así como la consideración
de los mecanismos que puedan contribuir a evitar o paliar posibles
impactos sociales y regionales.
La perspectiva es que la iniciativa de Marruecos puede repetirse en
otros escenarios. Como Marruecos, otros países pueden aspirar a aprovechar
recursos cercanos para desarrollar una industria propia y acceder
a los grandes mercados de los países desarrollados. Aunque esta intención
no implica -ni mucho menos- el éxito, puede condicionar en el futuro
la presencia española.
2. Otro factor de fuerte impacto en la actividad es la evolución
de la tecnología.
A los avances ya iniciados desde los 60 en propulsión, congelado y
procesado a bordo, hay que añadir los avances en detección y equipamiento
para captura del pescado. En general, esto afecta fuertemente al rendimiento
empresarial y de forma significativa a los requerimientos en capital
humano. El tipo de capacitación que se busca ahora en la empresa pesquera
está cambiando tanto a bordo como en tierra. A esto hay que añadir
los avances en acuicultura, incluyendo no sólo el mejor control de
las variables exógenas (alimentación, enfermedades, control ambiental,
etc…) sino el dominio y los avances en tratamiento genético y selección.
La experiencia acumulada en los últimos años en los cultivos en granja
(especialmente en salmón, pero también en rodaballo, lubina, dorada
y otras especies) nos permite observar ahora las grandes posibilidades
abiertas en este campo, pero también algunas limitaciones, tanto del
lado de la oferta como de la demanda. En el éxito de los cultivos
influyen algunos factores como los mencionados arriba, pero también
hemos visto como la dimensión empresarial y la adecuación a la demanda
son claves importantes (Bjorndal et al, 1999).
Creo que este apartado merece una consideración estratégica y una
visión a medio y largo plazo con participación de todas las partes
implicadas.
3. Como consecuencia de lo citado en los puntos anteriores han
cambiado también los mercados pesqueros.
En primer lugar las cantidades desembarcadas (la oferta de pescado)
han crecido de manera considerable a escala mundial en los últimos
decenios. Pero este crecimiento es desigual por áreas y especies.
Allí donde el nivel de explotación es mayor encontramos problemas
importantes con las poblaciones de peces. Esto ocurre con más frecuencia
además para especies muy demandadas como bacalao, merluza, arenque,
etc. Por otro lado, aunque la producción estrictamente pesquera ha
mostrado ya limitaciones biológicas, los mercados se han visto complementados
con la creciente producción que proviene de la acuicultura, lo que
en principio debe afectar también a las tendencias en los precios.
Finalmente, en los mercados internacionales se perciben algunos cambios
de pesos relativos, con mayor presencia de países PVD (sin que olvidemos
en esta apreciación el papel de empresas mixtas) o de nuevas áreas
pesqueras como Oceanía (Varela et al, 1997).
En este contexto de globalización y contando con los importantes avances
en telecomunicaciones y transportes, las tendencias en las operaciones
comerciales también han cambiado a efectos locales. En concreto, a
escala española, como en otros países europeos, parecen concentrarse
las operaciones en los centros de mayor peso o en aquellos que han
conseguido especializaciones significativas importantes o los que
han sido capaces de integrar aspectos productivos, comerciales y transformadores.
Este es, por tanto, otro campo para decisiones estratégicas, tanto
por parte empresarial como a escala regional o local.
4. Otro campo de interés es la política pesquera europea.
Del conjunto de campos de intervención comunitaria vamos a referirnos
sólo a la política de recursos, tras de la cual se plantean decisiones
estratégicas para los próximos años.
Hasta ahora, esta política se ha articulado en torno a los TACs (totales
autorizados de cuota), definidos en función de criterios inicialmente
biológicos y respetando el principio de estabilidad relativa. Son
conocidas las dificultades para acordar cada año los TACs (para ajustar
lo biológico y lo socioeconómico) y para controlar su cumplimiento.
Posteriormente el sistema ha evolucionado hacia un control del esfuerzo.
Pero esta política general deja bastante margen para que los Estados
miembros articulen diferentes estrategias en su sector pesquero. Así,
algunos países (como Reino Unido y Holanda), han mejorado la dotación
de derechos (en licencias y cuotas) de "sus" pescadores con el argumento
de incentivar una conducta más conservacionista de los recursos. Pero
con esto se han reforzado también las posiciones más nacionalistas
(pretendiendo alejar de los recursos cercanos a los pescadores de
otros países comunitarios). Esto se concreta sobre todo en propuestas
de "regionalización" de las política pesquera, defendiendo que a partir
de ahí se puede racionalizar la gestión, al plantear un ámbito más
homogéneo y más reducido y por ello más fácil de controlar. Si bien
el argumento tiene alguna fuerza, en la práctica -y a la vista de
las posturas previamente citadas- estas propuestas pueden esconder
barreras a la entrada o discriminaciones en función de la nacionalidad
de la empresa pesquera o de los pescadores. Puesto que hay intereses
españoles en esta tesitura, será importante para el futuro inmediato
tener claros los objetivos y valorar adecuadamente el ámbito de aplicación
de los principios generales de la política comunitaria y de los sistemas
de regulación (licencias, cuotas, etc…), además de la propia definición
de los mismos.
Y aunque no entremos ahora en el tema, está en cuestión también la
política estructural y los sistemas de ayudas, a la vista de los problemas
de sobredimensión persistente de la flota y la carestía de los programas
(Hatcher y Robinson, 1999).
II. EL PROBLEMA DE LA REGULACION PESQUERA.
La gestión de las pesquerías. Perspectiva económica.
El cambio de marco y la ampliación de las posibilidades reales de
gestión alimentó el interés de la teoría económica sobre la pesca.
Simultáneamente se fueron concretando diversas experiencias de gestión:
la relación entre la teoría y la práctica es, en este caso, reconocible.
Algunas posibilidades teóricas fueron generalmente rechazadas (impuestos)
pero otras fueron aplicadas y justificadas con argumentos económicos
y no sólo conservacionistas (licencias, cuotas, ITQs, derechos transferibles,
etc). La realidad fué orientando la propia investigación económica
hacia los problemas más "reales".
La aportación más significativa de los economistas pesqueros a la
ciencia económica fue el desarrollo de una particular combinación
de factores biológicos, institucionales y económicos en los llamados
modelos bioeconómicos para explicar la conducta de las agentes implicados
(pescadores) y formular soluciones de gestión eficientes en esos escenarios.
Desde las primeras aportaciones de Gordon, Scott y Schaefer, las condiciones
institucionales, y en particular los regímenes de propiedad, fueron
así uno de los ejes del problema. Las características objetivas y
subjetivas de los derechos sobre los recursos condicionan la conducta
de los pescadores, dentro del campo que permiten las restricciones
biológicas, y ello porque definen diferentes situaciones y grados
de rivalidad o cooperación en la captura del recurso (o de las rentas
de la pesquería si se prefiere) y porque determinan los distintos
valores que los pescadores otorgan al recurso a lo largo del tiempo
(distintas tasas de descuento del valor futuro del recurso). Por esa
misma razón, en este trabajo nos hemos detenido bastante en este aspecto.
La teoría conceptualizó dos ideas básicas para formular los problemas,
calificadas habitualmente como regímenes de "libre acceso" y "único
dueño". La situación de libre acceso caracteriza la ausencia o incapacidad
para defender y ejercer derechos exclusivos de acceso y captura. El
resultado es la rivalidad extrema entre los múltiples usuarios que
conduce a la carrera por pescar (lo más posible en el menor tiempo
posible) para asegurar las rentas en un contexto de incertidumbre,
y como consecuencia global a la sobreexplotación de las pesquerías.
El pescador no tiene incentivos a conservar el recurso porque no tiene
ninguna garantía de que sea él quien se va a beneficiar de esa conducta.
Esta es la idea que para los economistas pesqueros refleja "el pasado"
y "la ineficiencia", y con ella se van a comparar las "nuevas" soluciones.
En el otro extremo, la idea o hipótesis opuesta es la correspondiente
a la situación de "único dueño", es decir la existencia de plenos
derechos sobre el recurso para una persona o un grupo que puede actuar
con un criterio único de gestión. Puesto que controla la fuente de
renta, el único dueño puede optar por diferentes soluciones económicas
(explotar, enajenar en todo o en parte, negociar en fin con sus derechos)
pero internalizando en su función de beneficios el valor del recurso
(el precio sombra), es decir valorando los peces como fuente de rentas
futuras. La teoría supone entonces que si los derechos de propiedad
están correctamente definidos los agentes cuidarán el recurso porque
redunda en su propio beneficio. Este es el otro punto de comparación
y se corresponde con el óptimo paretiano de la teoría económica.
Pero en la práctica, encontramos, y se siguen desarrollando todavía,
diferentes situaciones institucionales que no se corresponden exactamente
con las situaciones extremas definidas arriba, y que no se pueden
corregir con facilidad y de inmediato. En estos casos, no hay derechos
plenos sobre distintos aspectos, ya sean operativos (extracción) o
relacionados con la gestión (incluida la negociación del derecho).
Una de las formas típicas en pesca es la de la "propiedad común".
Aunque no es necesario pensar sólo en este escenario, su actualidad
y generalidad permite ilustrar los problemas que surgen. Se trata
ahora de un número limitado de usuarios que tienen derechos colectivos
sobre el recurso, en función de su pertenencia a un determinado grupo.
Esto implica que se pueden dotar de reglas para la gestión, y por
tanto funcionar eficazmente puesto que todo el grupo se beneficiará.
No obstante, puede haber rivalidad y comportamientos oportunistas
(free-rider) para asegurarse las cuotas o el acceso a los mejores
caladeros o especies, etc. Cuando se dan estas situaciones, tanto
las reguladores (públicos) como los propios miembros del colectivo,
debieran estar interesados en buscar los mecanismos que permitan corregir
la situación y buscar las soluciones más eficientes. Puesto que en
la práctica encontramos muchas situaciones de este tipo, es especialmente
importante en este momento detenerse en esta cuestión.
Los sistemas de regulación.
Aunque desde la teoría se insistió en la idea de instrumentar
mecanismos que supusieran una mayor definición de derechos o que permitiesen
internalizar el coste por el uso de un recurso social (vía impuestos
sobre todo), la praxis se orientó a los sistemas más fáciles de asumir
por los usuarios y al mismo tiempo más intervencionistas (licencias
y TACs). Posiblemente, desde los posicionamientos teóricos se tardó
en abordar posibilidades nuevas menos "puras" pero más asumibles.
Por contra, en la práctica fue la propia experiencia, más que las
advertencias de los economistas, la que mostró las limitaciones de
los instrumentos tradicionales (licencias, restricciones en inputs,
TACs, restricciones en tamaños, o en áreas y tiempos de pesca, etc.).
Esta disociación entre teoría y praxis se superó, al menos parcialmente,
con el ensayo de nuevos instrumentos como las ITQs, las licencias
restrictivas y/o tranferibles y, en general, con mecanismos que suponen
derechos de pesca mejor definidos, tanto en cuanto a los sujetos (derechos
individualizados o con grupos bien delimitados y cerrados) como en
cuanto al contenido económico (transferibilidad, divisibilidad, duración
plurianual o indefinida, etc.). Aunque en la teoría el instrumento
preferido por excelencia fue el de las ITQs, en la práctica podemos
observar como esas ideas o cualidades de los derechos fueron concretadas
en diversas combinaciones.
Por otro lado, otra parte del problema, el bajo grado de compromiso
de los pescadores con las normas reguladoras (escasa legitimación)
y las dificultades de información y control (costes de transacción
elevados), fueron atacados desde otra perspectiva. En realidad, la
teoría convencional fué ajena a estos problemas, pero algunas ideas
desde la economía institucional y algunas experiencias particulares,
animaron a buscar formas de gestión descentralizada con mayor participación
de los usuarios en las decisiones de gestión y control, en general
sobre la base de fórmulas de propiedad común. Este conjunto de experiencias
(en países como Nueva Zelanda, Australia, Islandia, Noruega, Canadá,
en el primer caso, o en el Reino Unido, sobre todo, en descentralización)
son las que tenemos ahora delante como principales puntos de referencia,
también desde la perspectiva de la teoría económica.
En nuestro trabajo hemos concluido en base a estas ideas que la elección
del sistema de regulación dependerá de cada pesquería en particular,
de acuerdo con sus características biológicas e institucionales y
de las ventajas e inconvenientes que presentan los instrumentos que
puedan articular los organismos reguladores. Esta elección supondrá
una combinación concreta de instrumentos y de roles de los diferentes
agentes públicos y privados, de manera que podremos tener una gestión
más o menos intervencionista, con un mayor o menor peso de los mecanismos
de mercado y con mayor o menor nivel de cooperación entre los diferentes
agentes.
Así, si el sistema gira sobre la decisión y coerción de las administraciones
públicas, debemos entender que ellas asumen la responsabilidad principal
en el mantenimiento de los stocks y de la actividad pesquera que disponen,
en consecuencia, de los medios necesarios de asesoramiento científico-técnico
de control y sanción para estas tareas y que actuarán buscando el
equilibrio entre los objetivos trazados y los costes de aceptación
social.
Con ello conseguirán mayores o menores niveles de eficacia, pero probablemente
incurrirán en costes económicos que alejarán los resultados de las
soluciones teóricamente más eficientes. Problemas de asignación y
de financiamiento públicos serán centrales en esta perspectiva. Si,
en cambio, pensamos en un sistema con un mayor peso de los mecanismos
de mercado (mercados de derechos o derechos más definidos), parte
de las funciones de la administración son sustituidas por el mercado,
y la asignación se concretará a través de la tranferibilidad de derechos
(licencias y cuotas) y demás posibilidades de mercado.
Los pescadores más eficientes estarán en disposición de conseguir
derechos de pesca de los menos eficientes que no los utilizan plenamente
y que encuentran ventaja en desprenderse de ellos. También será el
mercado quien deternine los movimientos de la flota, en desahogo de
las finanzas públicas. Pero, estas dos posibilidades no implican necesariamente
legitimación social, por lo que se pueden desarrollar incumplimientos
y conflictos en las pesquerías. Es en este sentido en el que los sistemas
de gestión descentralizada pueden jugar un papel alternativo, pero
no excluyente, a los sistemas anteriores. Los propios pescadores o
sus organizaciones pueden acordar, aisladamente o conjuntamente con
la administración, la implantación de un sistema determinado o combinación
determinada de instrumentos y roles, asumiendo también responsabilidades
en el control.
Esta "autorregulación" puede limitar los efectos de la rivalidad sobre
el recurso, favoreciendo las actitudes cooperativas y con ello la
internalización del valor del recurso en las decisiones sobre la producción,
tanto ex-ante (asumiendo la restricción biológica) como ex-post (corrigiendo
instantáneamente los efectos de las capturas propias o de factores
exógenos que alteran la biomasa de manera no prevista inicialmente).
Las condiciones más o menos maduras en cada caso nos permitirán juzgar
si es momento y lugar para ensayar esta vía, en cualquier caso no
excluyente con las anteriores. La prelación o combinación de objetivos
de conservación, eficiencia u otros de carácter social o regional,
nos ayudarán a optar por las diferentes vías o combinaciones.
III. LA SITUACION Y LAS PERSPECTIVAS EN GALICIA
El sector pesquero gallego está sufriendo importantes transformaciones
en la misma línea que el resto de la pesca a escala mundial, en especial
desde la implantación (1977) de Zonas Económicas Exclusivas de 200
millas. No obstante, debemos tener presente también a la hora de juzgar
esas transformaciones las peculiaridades de partida de la pesca, ligadas
a una economía y tradición propias, así como las circunstancias institucionales
particulares en este caso, a partir del desarrollo de competencias
autonómicas, por un lado, y de la adhesión a la política pesquera
común, al hilo de la integración en la Unión Europea, con experiencias
también diferenciadas desde el momento de la adhesión.
Las flotas gallegas viven también estas tendencias, y por añadidura
reciben el impacto de las medidas de otros países, por estar implicada
en pesquerías lejanas. Además, por su propia dimensión este impacto
es necesariamente importante. Pero a pesar de todo, el proceso de
adaptación no implicó retirada. Ya sea por tradición, o -en una perspectiva
más económica- por el coste de oportunidad para que capitales y trabajadores
buscaran otras vías, la pesca siguió siendo económicamente importante.
De cara a la regulación, se pueden distinguir situaciones específicas
(Varela et al, 2000). Se trata de combinaciones básicamente distintas
en cuanto a responsabilidades de regulación, tipos de competencia
y tipo de flota y pesquería. En una clasificación simple, los casos
diferenciales son los de recursos lejanos (aguas de terceros países
e internacionales), recursos en aguas comunitarias y recursos en aguas
próximas (aguas españolas, aguas interiores).
Sólo en este último caso la jurisdicción es autonómica. En los demás
el regulador es comunitario, un tercer país no comunitario o bien
se trata de aguas internacionales.
En los recursos lejanos podemos encontrarnos estas dos últimas posibilidades.
Si se trata de pesquerías con soberanía de un tercer país, las restricciones
para las empresas españolas pueden ser muy fuertes (afectando o pudiendo
afectar a decisiones estratégicas en inversiones futuras, capital
humano, redes de comercialización, asociaciones empresariales, etc.).
Si, en cambio, estamos hablando de aguas internacionales (las decisiones
entonces están centralizadas, como hemos visto, en organismos como
NAFO o ICCAT), la cuestión central es la definición y reparto de la
cuota por países, las estrategias cooperativas o no cooperativas (es
decir, buscar escenarios en los que la conservación del recurso sea
compartida y respetada, a partir de sistemas de derechos y acuerdos
bien definidos, o por el contrario no cooperar) y el papel (por decisiones
ajenas o propias) de las banderas de conveniencia (es decir, salirse
de la "disciplina" de un estado firmante de acuerdos y de sus propios
censos de buques, inscribiéndose bajo otra bandera, pero manteniendo
el acceso a los mercados de origen). Aunque la lucha por cuestiones
de soberanía aún esta abierta, el grado de incertidumbre es menor,
en principio, que en el caso anterior, pero también se puede disminuir
si se definen mejor los derechos de pesca.
En aguas comunitarias la cuestión de la regulación se plantea en los
términos ya descritos. La perspectiva después de varios años transcurridos
desde la integración en 1986 (la política pesquera comunitaria en
todo caso sólo data propiamente de tres años antes), permite ver que
aunque hay restricciones (estabilidad relativa y sistemas regulatorios
de control de TACs y esfuerzo) se han producido diferentes estrategias
de empresas y países que indican que el margen de maniobra es importante,
en el sentido que ya hemos señalado. En todo caso, también aquí, cuando
hay problemas de recursos migratorios o transfronterizos hay que considerar
el papel de las estrategias cooperativas o no cooperativas y la cuestión
de la incertidumbre. La experiencia del desarrollo de un mercado de
derechos de pesca para la flota de los 300 en aguas comunitarias,
desde 1997, ha introducido unos mecanismos de ajuste nuevos en la
pesca española, que han contribuído a la estabilidad del sector afectado
y al cambio de mentalidad empresarial.
En los recursos cercanos la regulación corresponde a instancias españolas
y autonómicas. Aquí, la tradición en cuestiones internacionales está
muy presente, los concurrentes son muchos (aunque de pequeña dimensión
en general), y el acuerdo y el control son complicados.
Cada pesquería tiene su regulación que combina derecho de entrada
o inscripción, restricciones en inputs (tipo de arte sobre todo),
en outputs (tamaño y a veces cuotas diarias), en tiempo (calendario
laboral y normalmente vedas) y en espacio (acceso discriminado por
segmentos de flota). No había hasta ahora cultura de instrumentos
de mercado en la regulación. Considerar esta posibilidad (derechos
plurianuales, individuales y transferibles), ajustar el esfuerzo y
trabajar con las posibilidades de co-gestión (más fácil por cercanía
pero difícil por el número y diversidad de intereses) pueden ser cuestiones
importantes. Lo que hemos dicho con carácter particular o específico,
debemos enmarcarlo en los datos y tendencias generales que se observan
en la pesca y que hemos sintetizado en estas cuatro cuestiones: tendencia
a incrementar inputs y poder de pesca (problema de sobredimensión);
tendencia a incrementar las capturas, propiciando el desequilibrio
biológico de las poblaciones de peces (problema de sobrepesca); tendencia
a desajustes e irregularidades en los mercados (mercados ocultos,
mercados protegidos, estacionalidad); problemas de ajuste de las medidas
de regulación y control con las percepciones e intereses (definidas
normalmente a corto plazo) de los pescadores.
Sería necesario considerar también la opinión de los pescadores y
reguladores en algunas de las cuestiones centrales que estamos tratando
aquí, lo que sin duda es un dato importante para valorar la viabilidad
de hipotéticas reformas. En algunos casos (Galicia, sobre todo), esas
opiniones se alinean en buena medida con lo que hemos expuesto (López
Veiga, 2000). Pero esto es más claro en algunos aspectos y para algunos
segmentos.
La valoración de los problemas desde la perspectiva de quienes están
ligados a la regulación deja ver su insatisfacción con el cumplimiento
de las normas y con los resultados de la explotación de las pesquerías.
Muchos de los instrumentos mencionados aquí son estudiados actualmente
por los reguladores. Probablemente persista una cierta desconfianza
en los mecanismos de mercado en línea con lo que ha sido la conducta
tradicional de los pescadores respecto a las normas, pero son posibilidades
consideradas, sobre todo para algunas pesquerías, donde su desarrollo
y control parece más viable.
Muy significativa es también la rapidez con que se ha asumido por
los propios pescadores el interés que tienen mecanismos como la transferibilidad
de los derechos (licencias, cuotas), lo que es muy patente en los
gestores de empresas de altura y gran altura, y en cambio menos en
representantes de la bajura y en regiones donde estas experiencias
son más lejanas. En general, hay predisposición a participar más en
las tareas de gestión y control, aunque se asumen dos problemas: la
propia dispersión de los pescadores (de sus organizaciones) y la lejanía
a los centros de decisión política. Por eso, hay llamadas evidentes
a una mayor claridad y unión entre las organizaciones de pescadores
(otra cuestión es determinar la vía más adecuada), y a un mayor papel
de la administración que se siente como más cercana, autonómica o
estatal.
Los aspectos que han arrastrado mayor consenso nos pueden dar la pista
también de por donde pueden ir las reformas, o cuales son los más
viables. En este sentido, se podría trabajar con la idea de sistemas
de licencias con transferibilidad, restricciones en determinados inputs
y control del esfuerzo, y con sistemas de cuotas que fuesen transferibles.
En ambos en un escenario plurianual o incluso con carácter permanente,
aunque esto es más dudoso.
Paralelamente, la participación en el diseño de los sistemas de control
puede ser importante. Los incentivos a cumplir o desincentivos a infringir
pueden ser diversos, pero sobre todo basados en sanciones adecuadas
e inspecciones discriminadas. Será interesante hacer un seguimiento
de estas percepciones a lo largo del tiempo, y a medida que se vayan
implantando novedades en la regulación, pero en este momento las perspectivas
desde estas percepciones parecen favorables para ensayar estos cambios
que pueden tener importante transcendencia.
IV. ALGUNAS RECOMENDACIONES ECONÓMICAS
Como resultado de lo que hemos visto podemos presentar una serie de
recomendaciones para la gestión de las pesquerías en que están afectadas
flotas gallegas. Estas recomendaciones realizadas desde una perspectiva
gallega, deben ser tomadas como puntos generales de reflexión y posible
acción, que necesariamente se deberían concretar en función de datos
más precisos de reguladores y pescadores. Son estas:
1. Cada pesquería presenta, a efectos de la gestión, una combinación
particular de factores o condiciones naturales, institucionales y
económicas. La gestión debe plantearse en función de esa combinación
y por tanto debe diversificar instrumentos y sistemas de regulación
en adecuación a cada caso. Si hay algún planteamiento general, debe
ser suficientemente flexible para permitir esta posibilidad.
2. En la gestión de pesquerías en aguas distantes (incluyendo Marruecos)
es una cuestión decisiva reducir la incertidumbre, a partir de varias
estrategias: generando contratos para acceso a recursos o bien empresas
de capital mixto que supongan la estabilidad suficiente para incentivar
la inversión y fomentar las actitudes conservacionistas; promocionando
acuerdos institucionales de ámbito internacional, sobre la base de
una mejor definición de derechos de pesca (en función de presencia
histórica, sobre todo); eliminación de "free-riders" como los que
se amparan bajo banderas de conveniencia.
La flota española debiera desear la anticipación de los acuerdos en
este sentido. En calidad de pionera en muchos caladeros internacionales
podría ser defendido su derecho a la presencia futura. Cuanto más
pronto se emitan señales claras en este escenario antes desaparecerán
las tendencias a la sobrepesca y a la sobredimensión de la flota que
se han mantenido en los últimos años. Las actitudes cooperativas serían
más factibles y las soluciones globales más eficientes.
3. En aguas comunitarias debería anteponerse el criterio de la rentabilidad
global de las pesquerías. Para el 2002 ya se habrán cumplido todos
los períodos de transición y es el momento de replantearse la estabilidad
relativa, reconsiderando los impactos regionales y valorando adecuadamente
los criterios de eficiencia.
No es tarea fácil remover la estabilidad relativa, y probablemente
su consideración sea un punto de partida necesario en cualquier escenario
de cambio. Y no podemos olvidar además otras posturas e intereses
bastante diferentes de los españoles que dificultarán cambios en esa
dirección. Pero lo importante es buscar estrategias que abran el camino.
4. En aguas comunitarias, españolas y gallegas, concretando más el
punto anterior, se pueden diseñar sistemas de licencias, cuotas de
especies y cuotas de esfuerzo transferibles. Si estos instrumentos
muestran su eficacia en un contexto adecuado (y en muchas pesquerías
europeas hay estabilidad suficiente), tenemos ahora además el dato
adicional del desarrollo de una cultura empresarial sobre esto. Además
de las experiencias particulares ya citadas de algunos países, las
compras de empresas, el fenómeno de los quota-hoppers o los intercambios
de cuota entre Estados, muestran ese recurso al mercado en las posibilidades
que existen, más allá de la bandera de los buques.
5. En particular, en pesquerías de altura y gran altura, dentro y
fuera de aguas comunitarias, podría extenderse la experiencia de mercados
de derechos de la flota de los 300. La introducción de cuotas individuales
o de días de pesca o licencia transferibles, contribuyen a dejar en
manos de los agentes privados los ajustes entre flota y recursos,
en función de su propia eficiencia.
6. Tanto las dificultades de implantación de estos sistemas como los
primeros impactos de la introducción de estos mecanismos de mercado,
pueden ser mitigados por una mayor participación de los pescadores
afectados en el proceso inicial y en la gestión posterior. Puesto
que suyo es el protagonismo del ajuste futuro, anticipar sus presencia
para fijar protecciones como las mencionadas anteriormente, puede
contribuir a facilitar esos pasos.
7. Es importante también integrar la política de recursos con la política
de estructuras.
La disminución de la financiación pública debe ir en paralelo a la
concesión de derechos privados a los pescadores. Si ahora pueden tener
más estabilidad, menos incertidumbre y, presumiblemente, más rentabilidad,
debe ser la eficiencia privada el criterio que guíe las futuras inversiones.
En este sentido, la administración tendría que preocuparse más de
garantizar los derechos de pesca que de subvencionar los buques, sobre
todo si se mantiene la sobredimensión de la flota.
También se deben integrar más las políticas de recursos y de mercados.
La descentralización de la gestión y la existencia de instrumentos
de mercado en los derechos de pesca permitiría aunar esos objetivos
en las decisiones empresariales. Los pescadores podrían planificar
su campaña pesquera en función de criterios conjuntos de demanda y
conservación. Incluso en este apartado las decisiones de cooperación
entre pescadores parecen viables.
8. En acuicultura, además del aporte de los cultivos más tradicionales
(marisqueo, mejillón a flote), que en todo caso son susceptibles de
mejoras en la gestión, lo novedoso es el auge del cultivo en granja
(en España sobre todo rodaballo, lubina y dorada, en diferentes zonas).
Hay aquí dos cuestiones importantes: conseguir el dominio de la tecnología
adecuada (las empresas españolas son bastante dependientes) y fomentar
la adecuación empresarial en dimensión y gestión. Esto será muy importante
cuando se asienten los mercados, en razón de lo que decimos en el
punto siguiente.
9. Debemos estar muy atentos a las tendencias en los mercados. Grandes
transformadores y distribuidores están llamados a ser protagonistas
en un contexto globalizado. La dimensión y la integración empresarial
pasan a ser entonces un dato importante. Y no obstante, se parte de
un contexto de bastante atomización en pesca y acuicultura y con altas
dosis de protección.
También hay que estar atentos a los cambios en la demanda. Los productos
del mar admiten muchas presentaciones y los consumidores están demostrando
ser sensibles a los nuevos productos. Esto también tiende a reforzar
el papel de transformadores y distribuidores y marca la importancia
ya mencionada de los complejos empresariales y de la aproximación
a los grandes centros de consumo.
10. Desde el punto de vista regional es muy importante conservar un
tejido empresarial y económico fuerte en las distintas actividades
relacionadas con la pesca. Aunque esta cuestión ha sido tratada aquí
sólo de paso, el mantener centros de decisión en todos los órdenes:
extractivo, comercializador y transformador, es un factor de solidez
para el futuro.
En este sentido, es importante conocer cual es el valor presente y
futuro que una comunidad (Galicia, por ejemplo) otorga a la pesca
en función de su realidad socioeconómica, sus costes de oportunidad
y sus expectativas. En gran parte, pero no sólo por ello, esa valoración
dependerá de los pescadores y sus asociaciones. La comunidad con esa
información, trasladará a un escenario más amplio su valoración. La
administración deberá tener esto presente para decidir sobre las formas
y el sentido de su intervención en el sector. |
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